Él.
Paseó la mirada hasta encontrarla sentada en una mesa al fondo del bar. Estaba cambiada, más adulta, un cambio lógico debido al paso del tiempo, quizá con cierto aire de tristeza que la hacía parecer más hermosa. Vagabundeaban sus ojos por un pequeño libro, así la recordaba, siempre con un libro entre las manos, recostada en el sofá, con los calcetines a rayas para proteger sus pies fríos. Quiso acercarse nada más verla pero no tuvo valor, el miedo le impedía comenzar una conversación, el miedo le impedía incluso continuarla, así que se ocultó a un lado de la barra, donde podía observarla sin que ella se diera cuenta.
El pelo recogido le sentaba bien y vestía una blusa verde, su color favorito, recordaba cómo elegía todos sus objetos preferidos de ese color y cómo adornaba sus cuadernos con notas verdes. Pidió un café y siguió observándola. Ella lo esperaba pero habían quedado en media hora, ambos habían llegado pronto y aunque se moría por abrazarla y explicarle tantos años de ausencia, expiar culpas y buscar su perdón no tenía el valor para acercarse. Hace dos días su voz al otro lado del teléfono le sonó hermosa pero brusca, era evidente que quería saber qué había sido de él, buscar explicaciones, encontrar el argumento para el perdón pero sería difícil. Podía contarle toda la verdad, dar todas las excusas razonables pero ni él mismo se perdonaba haberla dejado sola tantos años, no se perdonaba no haberla llamado ni una sola vez y con cada día, mes y año más difícil le resultaba encontrar el valor, porque aunque ella lo perdonase, él nunca lo haría. La estúpida decisión de marcharse lejos para no salpicarla de su fracaso, para darle la oportunidad de ser feliz con su ausencia no fue más que la idea de un estúpido cobarde, de un irresponsable que vistió de altruista renuncia su falta de coraje.
Pensó en marcharse, volver la vista y huir pero no podía hacerle eso una vez más. Ya estuvo paralizado por el miedo durante tantos años y se prometió a sí mismo que al menos le daría una explicación, se daría una oportunidad pidiendo perdón, enfrentándose a sus ojos y tal vez tomando sus manos cálidas de nuevo, como hacían cuando paseaban y ella le contaba historias que leía y le hacía preguntas pensando que tendría todas las respuestas.
Ella no levantaba la vista, la lectura se la había llevado a otro lugar, podía imaginarla sumergida entre historias, lugares y personajes tan distintos que la hacían desear ser cómo ellos o tan iguales que no podía dejar de sentirse identificada. ¿Sería una historia de amor? ¿De fracasos? ¿De miedo? ¿De misterio? Fuera de lo que fuera, ella tenía los ojos inmersos entre las páginas y parecía que la realidad de aquel bar la había dejado aparte.
Si tanto la quería cómo había podido ser tan cobarde, tan estúpido para no saber que ella era lo más hermoso y valioso que tenía… con esa pregunta en su garganta se acercó lentamente a su mesa, ella todavía seguía leyendo, le costaba tragar el miedo pero esta vez tenía que hacer las cosas bien…
Ella.
Desde que la llamó no había podido dormir, los nervios se apoderaron de su estómago impidiéndole comer y a veces le costaba respirar. Quería verlo pero al mismo tiempo tenía tanto que reprocharle que cambiaba de opinión cada hora sobre si ir o no. Al llegar el día elegido para el encuentro no lo dudó, iría. Se puso una blusa verde, su color favorito y sonrió, él pensaría lo mismo nada más verla. Había pasado tanto tiempo que tenía miedo de que él no la reconociera, que esperara verla de otra forma.
De camino al lugar de la cita recordó las ausencias dolorosas, las noches en vela llorando sin entender su silencio, repasando su conducta, buscando la causa de su partida. La rabia le subía desde el estómago hasta que la imagen de sus paseos, las charlas y la complicidad le ponían de nuevo una sonrisa nostálgica a su cara. No había una sola razón convincente para lo que hizo, para dejarla así, sola y sin respuestas durante tantos años. No le había dado ni un solo motivo ¿cómo podía ella darle motivos para que se fuera? Eso tardó mucho tiempo en entenderlo.
Llegó al bar, el lugar del encuentro, una hora antes. Eligió una mesa al fondo, pidió un té y buscó un libro en su bolso; los libros siempre fueron su refugio, sobre todo después de su partida, a veces pensaba que sin ellos no habría podido resistir la soledad y la angustia.
Intentó concentrarse en la lectura pero su cabeza estaba en otro lugar, sus emociones y sus pensamientos encontrados estaban en ebullición constante. Volvía a releer cada párrafo porque no lograba entender lo que estaba leyendo, ese día la lectura no era un refugio. Levantó la vista pero sintió que perdía el equilibrio si se quedaba mirando la puerta, observando a cada persona que entraba buscándolo a él. Mejor pegar la vista en las hojas de su libro e intentar que pasara el tiempo. Pero no podía evitar que de vez en cuanto sus ojos inquietos desobedecieran sus deseos y sin levantar la cabeza intentaran averiguar lo que pasaba fuera de aquellas páginas. El corazón le dio un vuelco cuando creyó verlo pero no levantó la mirada, se quedó allí clavada. Él se quedó parado, parecía mirarla pero de pronto buscó un lugar en la barra y se acurrucó detrás de su culpa, no podía ver su cara pero intuía sus nervios, su miedo. Tampoco se atrevía a levantarse y tomar la iniciativa ella, no se atrevía a romper el silencio de tantos años, a pedir explicaciones, a escucharlo paciente y a decidir si darle una nueva oportunidad. ¿Cómo pudo dejarla sola? ¿Por qué nunca se produjo una llamada? Durante todo ese tiempo la idea de que él no la quería la martirizó y fue un peso con el que tuvo que aprender a lidiar.
De pronto el hombre abandonó su escondite detrás de la barra, el corazón le palpitaba desbocado en el pecho. El bullicio de bar continuaba pero para ella se quedó mudo, no podía levantar la mirada, no podía…
-Julia…-ella lo miró- soy papá…
12 comentarios:
Muchísimas gracias Tegala por escribir!! Me has tenido todo el relato pensando en Penélope en la estación esperando a su amado y con el final me has sacudido y me has sorprendido! Precioso, como todo lo que sale de tu talento de escritora!
Sigo pensando lo mismo... escribe un libro. Me has enganchado desde el principio al final; final por cierto, un poco inesperado. Simplemente, me encanta. ¿Continuará?
SHUBHAA, muchas gracias por leerme y por animarme. Me gusta que te haya sacudido y sorprendido el final...no era el final previsible.
Un abrazo.
ECHEYDE, gracias a ti también por tus palabras y me alegra que te haya enganchado. Seguiré escribiendo pero lo de un libro son palabras mayúsculas, de momento cuento con este blog para enseñar lo que hago. No hay que precipitarse y queda mucho por aprender, lo importante es disfrutar lo que estoy haciendo.
La historia no continua por escrito pero puedes ponerle el final que te sugiera.
Un abrazo.
...esplendidas tus palabras,Tegala, esplendida la historia, ...nos llevastes a todos a pensar en el reencuentro de una pareja rota, ...con solo tres palabras,solo tres, nos hiciste ver el querer como tal, tres palabras al final que fueron suficientes para entender la historia, ...nos situaste en el prejuicio al que nos enfrentamos, y es que el querer y el sentir no entienden de tipos de relación, demasiadas relaciones y formas en las que se quiere ....
gracias Tegala
Buenisimo Tegala! Sorprendente e inesperado final!
Sí creo que puedes escribir un libro, te sobra talento y sensibilidad!Mil gracias por dejarnos disfrutar de tus historias!
Un beso
Olga :)
¡Qué final más inesperado y qué bien narrada la historia! ¡Me ha encantado, Tegala! :)
Me ha encantado, un final tremendo, eres buena, eres muuuuy buena... ;)
No es la primera vez que me paseo por tu blog, y cada vez que entro encuentro una historia (con la que me suelo identificar muy a menudo) que me transporta, que me llega...definitivamente este rincón tuyo, me encanta!!
Qué historia más bonita...
Sencillamente maravillosa. Me la reservo desde hace unos días para un momento de calma y buenas energías... y me ha encantado.
Sensacional :)
Lindaaaaaa! Como me gusta ver como te atreves a sorprendernos, a sorprenderte...que magia! Que final inesperado, pero sobre todo que bien llevado, como atrapas, nos llevas Tegala, de la mano a donde quieras y por eso volvemos siempre! Que felicidad! Un beso enorme!!!
Muchas gracias a todos por esas buenas energías que dejan aquí, en este blog y en mi vida... gracias por tan bonitas palabras, elogios y ánimos.
Gracias LUIS, OLGA, MOONA, ALEJANDRA, GEMINIANA, KATREyuk y ANGELA. Desde el corazón, gracias...
Abrazos.
...gracias a ti, Tegala, ...por que nos dedicas tu corazón en tu palabra, gracias a ti
Publicar un comentario en la entrada