26 de diciembre de 2011

El Silencio que duele

Dicen que hace muchos años los habitantes de aquel pueblo eran felices, la luz del sol brillaba con alegría, las puertas se mantenían abiertas, los vecinos se ayudaban, se miraban a los ojos y compartían sus vidas con alegría… pero nadie sabe bien cómo pasó… poco a poco las puertas se fueron cerrando, la vergüenza se fue apoderando de los rincones más felices y se extendió como una epidemia el germen del silencio que lo volvía todo gris, que obligaba a las gentes a bajar la mirada al cruzarse para evitar que pudiera leerse la verdad en sus ojos tristes. Todos sabían del dolor de todos pero nadie hablaba y eso hacía que el silencio alimentara la tristeza y las injusticias siguieran creciendo. Era un silencio negro, ponzoñoso y doloroso que se retroalimentaba haciendo que los habitantes siguieran callados, negando las evidencias, ocultando lo que todos podían ver, cerrando las puertas y negando lo que ocurría dentro de cada casa.

Nadie sabe cómo llegó el virus a aquel pueblo feliz, pero cosas similares han ocurrido en otros lugares felices. Seguramente llegó en forma de pequeña semilla buscando el lugar idóneo para germinar y estaba a punto de quedarse estéril y morir por falta de alimento, cuando la madre de Irene le dijo a sus diez años que ella era demasiado pequeña para opinar y soñar con hacer algo distinto. Las sensaciones que generaron en la pequeña Irene aquellas palabras se le agarraron a la garganta, impidiéndole hablar y dándole a ese minúsculo germen el alimento necesario para coger fuerzas y agrietar su casi seca corteza. Más hinchada pero todavía insuficiente siguió buscando por el pueblo hasta que escuchó a Clara quejarse ante su madre de lo infeliz que era su matrimonio y lo desgraciada que se sentía, se quedó allí flotando, a la espera de saber si podría obtener lo que necesitaba y fue así cuando la madre de Clara la hizo callar con una fiera mirada que decía “silencio y obediencia”. El dolor y la vergüenza se quedaron clavados en el pecho de Clara para siempre y ya no dijo nunca nada más, ni siquiera cuando su marido fue armándose de valor para humillarla, ni siquiera aquel horrible día que sintió su mano pesada y dura golpearle la cara, Clara calló siempre y cada silencio permitía que él, su marido, se sintiera fuerte y dueño de todo, incluso de ella.

El germen, que se había hecho más fuerte sabía que necesitaba invadir a cada habitante, a los que callan y a los que abusan y maltratan para poder seguir creciendo, retroalimentándose de lo que siembra, porque cada grito apagado le da fuerzas para seguir golpeando y generando más silencio ponzoñoso.

Se introduce por los orificios de la nariz mientras los hombres y mujeres duermen y deja allí el germen, la semilla oscura de la violencia, la semilla de la culpa y la semilla de la vergüenza, sentimientos que se agarran con fuertes raíces al alma. Después sólo tiene que esperar, poco a poco cada abuso, cada silencio y cada frustración la alimenta y le da fuerzas para seguir invadiendo el pueblo. Los habitantes apenas se dan cuenta de su existencia porque aprenden a vivir con ese código y generación tras generación se acostumbran a ver el mundo con esa turbia realidad.

Así el silencio se va intensificando y nadie se extraña de oír llantos en la noche, todos lo oyen pero nadie da prueba de ello, así se cruzan las miradas esquivas y justificadoras. Nadie pareció darse cuenta de que Luis lloraba cada noche deseando que su padre no visitara su dormitorio, ahogando los gritos en la almohada y escondiendo los ojos al día siguiente para negar la realidad, mientras las amenazas se le agarraban al estómago impidiéndole hablar sobre sus miedos. Nadie pareció darse cuenta que Victoria temía hasta su sombra, que nunca quería volver a casa al acabar la escuela y prefería quedarse escondida en cualquier lugar que la ocultara. Nadie se percató de que Pedro tenía marcas por todo su cuerpo y que había cogido la costumbre de pagar sus frustraciones a patadas con toda piedra que encontraba a su camino. Nadie veía anormal que Alberto mojara la cama cada noche a sus doce años.

El silencio oscuro y ponzoñoso alteraba cada vez más la realidad y nadie quiso reconocer que Petra no pudo morir de tuberculosis si su cuerpo estaba magullado y las heridas manchaban de sangre la cama. Herminia no encontraba la forma de hacer que no veía lo que ocurría en su casa con sus hijas cada vez que su hermano la visitaba… se le agarraba el silencio al alma y al pecho y callaba como le enseñaron, mirando hacia otro lado como hizo su propia madre.

Pero un día una mujer sencilla, una mujer cualquiera… ella misma, Paula, rompió la gruesa capa del silencio y encontró un abrazo y no un reproche, no la orden de callar sino una mano que la agarró fuerte y le dio el valor para darse cuenta que la realidad en la que había crecido no era lo normal, ni lo que merecía… y después de llorar durante todo un año consiguió expulsar la semilla que tenía agarrada al alma, esa semilla que le hacía creer que no valía para nada, que merecía cada humillación y cada golpe porque ella lo provocaba… y ese día el germen del silencio ponzoñoso se hizo un poquitito más pequeño, porque ya no podía alimentarse más de Paula… comprendió también que para tener lo que merecía primero debía ser consciente de lo mucho que valía y no permitir que nadie le dijera lo contrario. Con cada lágrima derramada durante ese largo año expulsó las humillaciones, los miedos, los recuerdos dolorosos, los golpes recibidos… hasta lograr ser una mujer libre y nueva que sabía que era merecedora de amor y respeto.

Desde ese momento cada vez que alguien decide no bajar la mirada y romper el silencio, cada vez que una mujer u hombre valiente dice “basta” y denuncia lo que sucede, cada vez que alguien consigue expulsar la semilla agarrada a su pecho, alma o garganta,… cada vez que eso ocurre la semilla del silencio ponzoñoso se hace más pequeña y quién golpea y hace daño se hace más débil… aunque todavía quedan muchas semillas bien agarradas y muchas historias pendientes de una continuación mejor…

11 comentarios:

Luis Pascual G. dijo...

..silencios que duelen, que esclavizan, que humillan, ...silencios que requieren gritar al mundo para que dejen de ser silencios que duelen, ...para enfrentarse a la vida en el respeto del ser, en el respeto al silencio por que se quiere estar en el, ...
...historia que toca el alma, ...gracias, Tegala

Angela dijo...

Querida Tegala,
al final as sabido darle el toque perfecto a este texto, de dolor, mucho dolor, y de esperanza...que bien sabes hacer que nos pongamos en la piel de otros...no dejes de tener esa mirada a la que no se le escapa ni un silencio! Besos con todo el amor del mundo!

KATREyuk dijo...

Joder... me he quedado sin palabras.
Cómo escribes... es increíble.
Yo que estaba pensando en proponerte hacer un libro de relatos a medias... pero definitivamente, no doy la talla. Qué crack!
Felicidades por el relato, es genial

Tegala dijo...

Gracias a ti LUIS, por venir siempre con tus versos y tus prosas poéticas a darme ánimos y ganas de seguir experimentando en este arte de escribir. Gracias. Un abrazo.

ANGELA, gracias por leerlo cuando todavía no me gustaba este relato pero tenía la idea en mi cabeza. Es muy importante para mi lograr llevarte hasta la piel de los personajes. Si lo he conseguido me doy por satisfecha. Gracias por tu apoyo. Un abrazo fuerte.

KATREyuk, muy halagadora tu propuesta pero soy yo la que siento que no doy la talla a tu lado. Aún así, si la propuesta es en serio te digo que sí. Gracias. Un abrazo.

Jorge dijo...

¡Que bien escribes Tegala! Que bien escribes para meter al lector dentro de la historia, sentir la tristeza y la esperanza.
Aprovecho para desearte una Feliz Navidad y un Próspero 2012.
Abrazo!

teresa dijo...

Tegala, me gusta mucho el símil de las puertas abiertas, el no confundir intimidad con ocultar. Tus textos son el regazo que los versos tejen y el amor mima. Felicidades y como no puedo ser tan cursi, feliz navidad y prósperos frutos secos.

Un besito

Tegala dijo...

JORGE, muchas gracias!!Qué halago que mi forma de escribir te haga sentir las emociones que quería transmitir. Feliz Navidad y Feliz 2012 para ti también. Un abrazo.

TERESA, me gusta ver lo que cada persona percibe en un texto y es cierto que no es lo mismo la intimidad que ocultar de la vista por vergüenza u otras razones. Feliz y prósperos frutos secos para ti también y ya de paso Feliz año 2012!!! Un abrazo.

Anónimo dijo...

Que puedo decirte que no te han dicho...Una historia profunda que deja oir la voz del silencio, que grita el dolor de almas encerradas
en su propia prisión por el temor a rebelarse...
pero un día llega la luz y el abrazo liberador y
reparador que impulsa a ser valiente, a decir
"basta" a todo abuso venga de quien venga!
Fantástica historia que hace vibrar al lector!
Gracias Tegala, FELIZ AÑO NUEVO para ti y los tuyos!! Ah...y un miau miau (mimitos) para
tu michi!!! :)
Olga

Bruma dijo...

Grande grande y maravilloso a la par que sobrecogedor tu relato. Felicidades y no dejes de deslizar tus letras por este 2012. =*
Achuchon grandote.

Tegala dijo...

Gracias OLGA, es labor de todos seguir diciendo "basta" a las injusticias y al maltrato. Gracias a ti por venir. Tengo dos michis, les daré tus mimitos. Un abrazo.

BRUMA, un achuchón grandote para ti también. Intentaré seguir deslizando palabras, letras y sentimientos durante este 2012 que tonos pintan de gris...Un abrazo.

DANAE dijo...

me gusto mucho tu blog, te felicito... espero me vistes, Danae