Ritmos que se pegan a mi piel, que invaden mi casa, que suben a la azotea.
Ritmos rotos que un día dejaste atrás para subir al cielo o bajar al infierno.
Ritmos poetas que te regala un amigo que sabe que te gusta bailar sin que se note.
Ritmos para esa noche de estrellas que compartiste con él.
Ritmos para encontrarte con los duendes que viven bajo tu ventana.
Ritmos que se pegan a tus caderas y le dan la bienvenida.
Ritmos que estremecen tu vientre y abren una nueva puerta a la vida.
Ritmos acelerados que se apoderan de ti y ya no sabes si quieres dejar de bailar.
Ritmos que encontraste en otro país y te trajiste en la maleta.
Ritmos que sabes que tienes pero que nunca muestras en público.
Ritmos sensuales que te invaden cuando estás con él.
Ritmos que se apoderan de tus pies cuando bailas descalza bajo la luna llena.
Ritmos de la loba que eras, eres y serás.
Ritmos chispeantes que llevas en la boca.
Ritmos abotonados a tu camisa cuando todo es demasiado serio para bailar.
Ritmos traviesos que sólo escuchas tú cuando no puedes estarte quieto.
Ritmos que no tienes y te prestan.
Ritmos que llovieron promesas.
Ritmos conocidos que alegran tus mañanas.
Ritmo de café recién hecho.
Ritmos que estaban ahí antes de llegar y huelen a flores frescas.
Ritmos que aprendiste de su mano y de sus pies.
Ritmos que llevas al andar aunque digas que no te gusta bailar.
Ritmos golosos que preparan pasteles de chocolate y caramelo.
Ritmo de tu pestañear soñador.
Ritmos que no sabías que estaban bajo la piel.
Ritmos de veneno dulce que bebes sin parar porque saben a él.
Ritmos que te sorprenden una noche de verano y se quedan contigo para siempre
Ritmos que trae la bruja del sur y te iluminan la piel.
Ritmos mágicos de luz de plata.
Ritmos que cuentan cuentos para no dejar de soñar.
Ritmos de tus primeras palabras.
Ritmos tristes de tu adiós...
Si todo es Ritmo...no digas que no sabes bailar.


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